El Hospicio de San Ignacio – Colegio de las Vizcaínas

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El Hospicio de San Ignacio – Colegio de las Vizcaínas

Por: Odón Ulibarrena

Siendo Hospicio de San Ignacio el nombre el oficial, sin embargo, esta obra que todavía permanece activa es más conocida como el Colegio de las Vizcaínas. A finales del siglo XVI se fundaron las primeras Hermandades de Amerikanuak en Potosí (Bolivia) y Lima sin llegar a publicar estatutos. Los Peruanoak llegaron a formalizarlos el 13 de febrero de 1612. ¿No es punto por demás interesante que los Mexikanuak, en tan temprana fecha como 1607, decidiesen publicar un libro acerca de su idioma nativo, el Euskara?

Autorretrato de Baltasar de Etxabe contenida en su libro más famoso. Fuente imagen: biografiasyvidas.com

Discursos de la Antigüedad de la Lengua Bascongada” es obra de Baltasar de Etxabe Orio. Natural de Oikia en Aizarnazábal, población lindante con Zumaia y residente en México desde 1573. Fue un reputado humanista y pintor, primero de una saga, considerado como el fundador de la pintura mexicano-hispana. Conviene tener en cuenta que, aunque seguía retrocediendo el uso del Euskara en Europa, en aquella época todavía era lengua común en partes de Santander, norte de Burgos e inmediaciones de Jaca. El último capítulo está dedicado a la importancia que suponía para los Vascos mantener su idioma nativo: “No quiero ni digo que no admitáis con toda la eminencia posible, la Extranjera Castellana, sabedla, entendedla y conocedla que harto os importa para mejor conocerme, amarme y estimarme, como lo deveis hazer, dándome siempre el primer lugar como leales y obedientes hijos, a su verdadera y legítima madre”.

La Oración del Huerto – Baltasar de Echave, Orio (1558 – 1623)

En la Academia de Bellas Artes de Méjico se conserva su obra La Oración del Huerto, conceptuada como verdadera obra maestra, y que por su sinceridad y realismo se ha dicho que hasta el momento es la mejor versión que se ha hecho la meditación de Jesús en el Huerto de los Olivos.

En 1671 fue creada la Hermandad de nuestra Señora de Arantzazu en el convento de los franciscanos y desde 1688 contaron con capilla propia y cementerio donde serían sepultados “los vascos, sus esposas, niños y descendientes”. Ya mencionamos en otro artículo algunas de las vicisitudes singulares de dicha Hermandad, como la excomunión de sus miembros, debida a la claridad de objetivos e independencia respecto a las autoridades eclesiásticas.

 

Una de las cuatro fachadas diferentes del Colegio de Las Vizcaínas. Fuente imagen: vizcainas.mx

Según W.A. Douglass y Jon Bilbao; “La principal preocupación de los fundadores del Colegio era la de que no cayese en manos de las autoridades eclesiásticas”, hasta el punto de que no se permitía que ninguna donación ni renta fuese administrada por religiosos ni pudiesen obtener cargos administrativos “ni se podría convertir el colegio en un convento regentado por religiosos con votos”.

¿Anticlericalismo vasco? ¡En absoluto! La razón nos la explica con claridad un cura católico del siglo XX, Manuel de Lekuona: “Los clérigos tenían terminantemente vetada toda intervención activa tanto en las Juntas Municipales como en las Generales de Vizcaya y Guipúzcoa. Marginación que no era exclusiva ni debida a ninguna especie de anticlericalismo, también los abogados estaban sujetos a idéntica prohibición. La razón de esta prohibición estaba en que las concepciones jurídicas en que se movían clero y letrados, por un lado, y el pueblo por el otro, eran contrapuestas. Aquellos, por su educación en la Universidades estaban infliccionados del juridicismo del Derecho Romano, mientras que el pueblo en sus Juntas Generales se movía dentro del Derecho Consuetudinario Vasco (la Lagi Zarra).

¿Será malo recordar una tradición oral mexicana respecto al origen del Hospicio de San Ignacio? El principal impulso fue debido al guipuzcoano Francisco de Etxebeste, Almirante de la Flota de Indias en dos ocasiones y embajador en China, entre otras ocupaciones. Paseaba por la ciudad cuando se le acercaron unas niñas a pedir limosna; horrorizado porque una de ellas era de ascendencia vasca, decidió acometer la fundación el colegio. Otras versiones señalan que Ambrosio de Meabe y Manuel de Aldako estaban paseando con Etxebeste al momento de la efeméride. Sea como fuere, lo documentalmente cierto es que no se conformaron con darles limosna.

La Solidaridad es uno de los cimientos del Gizabidea en el que se han sustentado las Hermandades, Lagunarteak, Asociaciones de Socorros Mutuos y Fondos Auto administrados.

En 1731 se recaudaron 40.033 pesos entre 181 vascos. La mayor donación ascendió a 6.000 pesos, obra del obispo de Nueva Vizcaya, Juan Antonio de Bizarrón y Martín de Elizakoetxea. Un total de 79 personas donaron entre 100 y 600 pesos; 77 entre 25 y 100; 8 entre 1.000 y 2.500. Una mujer donó dos joyas con diamantes y una monja, autorizada por la superiora, un real y medio.

El terreno fue comprado en 1733 y el 30 de junio de 1734, el obispo vasco colocó la primera piedra. Es indispensable tener en cuenta la frontal oposición desde 1749 por parte del sucesor de Bizarrón, Manuel Rubio y Salinas, ardiente opositor “de los colegios y demás instituciones independientes del control eclesiástico”. Habiendo ganado el juicio contra el Colegio de Guadalupe, que pasó a depender de su voluntad, dedicó sus esfuerzos a sojuzgar a los Mexikanuak. Los vascos comisionaron a un compatriota, banquero en Cádiz, para que librase los fondos necesarios para pleitear en la corte madrileña y el Vaticano, advirtiéndole Aldako a Meabe que, si no ganaban, era voluntad de los Mexikanuak “pegarle fuego a lo que nos ha costado nuestro dinero”.

En Madrid, “hilaron fino” dos miembros de la Congregación de San Ignacio, hermanada con la de Aránzazu mexicana: Agustín de Ordeñana, secretario de estado y José de Rada Agirre, capellán del rey. En Roma, fueron los jesuitas quienes se ocuparon del tema. Murieron el rey de Castilla y el Papa de Roma, pero el pleito continuó con denuedo y sin desmayo. ¿Será malo recordar que los vascos mantuvieron con los soldados del dios católico acantonados en el monasterio de San Millán de Suso, el llamado Juicio de la Reja durante 663 años?

Pareció desbloquearse la situación en 1758. Recién electo el nuevo Papa, Clemente XIII, decretó una bula que atendía algunas demandas, siendo rechazada por los Mexikanuak. La edificación de una iglesia en el Colegio parecía un obstáculo insuperable pero los vascos estaban rotundamente claros: “…la iglesia se hace para el fruto espiritual del Colegio y no el Colegio para la iglesia”.

Patio del Colegio de las Vizcaínas. Fuente imagen: vizcainas.lcom

 

Resulta esclarecedor el artículo 6 de su Constitución (redactada por José de Egiara Eguren, Rector de la Universidad Real y Pontificia de México, y Francisco Xavier de Ganboa, famoso abogado) impidiendo a “…persona alguna, para convertirlo en Monasterio de religiosas, Beatas, u otro Instituto se ligue con votos solemnes o simples. Y se declara nulo, de ningún valor, ni efecto cuanto en contrario se hiciere disponer, aunque intervenga el consentimiento del Rector, Diputados, Rectores pasados, Thesorero y todas las Colegialas…” Tenían claro que con el Gizabidea era suficiente para mantener su causa. ¿Cómo explicar de otro modo la inserción en los estatutos fundacionales de una cláusula pidiendo al rey que denegase su protección al hospicio si se modificara el propósito original de proteger: “a las niñas y Matronas viudas, hijas y descendientes de Familias Bascongadas…expuestas… a abandonar los lustros del Pundonor sino lo que es más sensible y lastimosos a una relaxación total de costumbres…y ruina de la Pública Honestidad”?

 

Fachada de la iglesia del Colegio de las Vizcaínas. Fuente imagen: vizcainas.comEl Papa publicó al fin una bula en 1766 que fue aceptada por los Mexikanuak y el Colegio de las Vizcaínas fue inaugurado el 9 de septiembre de 1767.

¿Tozudez la de los Mexikanuak o cuestión de principios basados en su Gizabidea? Los Vascos pueden perder territorios y elementos tan singulares de su Cultura como el idioma, pues así ha sucedido en América y Europa, pero si mantienen su Gizabidea, su Camino del Ser Humano, la Etnología seguirá considerándolos Vascos. El hecho fue que gracias a su buen desempeño educativo e independencia político-religiosa pudo evitar ser confiscado por los gobiernos mexicanos que tantas expropiaciones de sedes religiosas hicieron a lo largo de la historia republicana. Pero hay mucho más.

Entre las mujeres educadas en este famoso Colegio, queremos reseñar a Josefa Ortiz de Domínguez y Sara García “la Corregidora”. Huérfana muy joven de padre y madre, en su acta de bautismo podemos leer que fue bautizada por Manuel de Mitxelena y que su madrina fue Anna María de Anaya. Es reconocida como la impulsora del Levantamiento de Querétaro, 16 de septiembre de 1810, junto a su esposo, el sacerdote Hidalgo y los capitanes vascos, Ignacio de Allende, Juan de Aldama y Mariano de Abásolo. Tal efeméride está consideraba como el primer acto del proceso que logró la Independencia de México el año 1821. Pero esto no fue todo. Tras varios años de prisión, Agustín de Itúrbide, primer presidente del México independiente, le ofreció ingresar en su corte como dama de honor de su esposa, Ana Duarte. No solo rechazó esta propuesta sino cuantas le hicieron para recompensar su apoyo a la causa independentista. Falleció en Ciudad de México el 2 de marzo de 1829, a los 61 años. Considero un deber añadir que Josefa Ortiz de Domínguez es una heroína nacional, Benemérita de la Patria y fundadora de México, su nombre se encuentra inscrito con letras de oro en el Muro de Honor del Palacio Legislativo de San Lázaro y también en el Monumento a la Independencia junto a otras heroínas independentistas, habiendo aparecido su imagen en diversos billetes y monedas. Existen dos estatuas que honran su memoria: una en la Plaza de Santo Domingo en la Ciudad de México y otra en la plaza Corregidora de Santiago de Querétaro, además de varias escuelas, calles y hospitales que llevan el sobrenombre con el cual fue bien conocida: «La Corregidora».

Puede que al lector novel le haya sorprendido ver tantos vascos comprometidos con el movimiento independentista desde sus inicios y que uno de ellos llegase a ser el primer presidente, aunque bajo el pomposo título de Emperador Agustín I. ¿Será inconveniente recordar a otro libertario, el primero en derrotar al ejército norteamericano? Tal fue José Doroteo de Arango y Aránbula, más conocido como Pancho Villa.

Colegio de las Vizcainas
Bibilioteca del Colegio de las Vizcaínas.
Fuente imagen: vizcainas.com

Don José María Basagoiti nos informa en la página web del Colegio de Las Vizcaínas: “El Archivo Histórico del Colegio Vizcaínas fue instaurado en el siglo XVIII por disposición del ilustre Don Ambrosio de Meave, uno de los fundadores del Real Colegio de San Ignacio de Loyola, Vizcaínas, con el objeto de que sus sucesores tuvieran constancia del desarrollo de la vida de la institución.”

Colegio de las Vizcaínas.
Patio del colegio arreglado para una celebración.
Fuente imagen: graduacionescondesa.com

Sus planes de estudios abarcan desde preescolar hasta preparatoria. Como el Colegio es una institución privada, generalmente no se permite la entrada a turistas. ​ Uno de los principales medios por los cuales la institución recibe ingresos, aparte de los donativos, es el alquiler del edificio para eventos sociales. El edificio puede alquilarse para bodas, presentaciones de libros y graduaciones. Algunas personas famosas que se han casado allí: Lucero y Manuel MijaresNinfa Salinas, hija de Ricardo Salinas Pliego; las hijas de Carlos Slim y Bernardo Sepúlveda Amor; la cantante María Inés Guerra y Gustavo Guzmán Favela. El edificio también ha sido utilizado para hospedar a dignatarios extranjeros como el rey de España. En enero del 2009 se alquiló para un concierto de beneficencia que ofrecieron Elton John y James Blunt.

El patio principal puede albergar 1.200 personas y otras 350 en la capilla. Normalmente se alquila durante los fines de semana y las clases son de lunes a viernes. Se requiere reservar con seis a ocho meses de antelación.

Dado que “obras son Amores y no las buenas razones”; no puedo cerrar este breve resumen sin mencionar que privadamente fueron muchos los Vascos humanistas. Basta con recordar el testamento que hizo en 1803 Vicente de Aperáin y Arandia, una de las mayores fortunas vascas de la época. No vamos a enumerar siquiera sus cuantiosas donaciones a la Cofradía de Aránzazu o al Colegio de las Vizcaínas, ni las de los conventos San Juan de Dios y San Hipólito mártir “para ayuda de la curación y sustento de sus pobres enfermos” pero mencionaremos estas: “Es mi voluntad que dichos mis albaceas repartan entre Pobres casadas españolas las que se hallan en indigencia porque sus maridos no les suministran con lo necesario para su sustento y vestuario …un mil Pesos fuertes en efectivo …También lo es se repartan otros mil Pesos fuertes en igual especie de efectivo entre pobres españolas doncellas y necesitadas huérfanas …sin prohibirles a dichos mis testamentarios puedan socorrer a otras pobres españolas del mismo estado aunque no concurra en ellas la Qualidad de Huérfanas y mucho más si temen que por su necesidad se hallen espuestas a los peligros del mundo …”. 

Como dijo el gran Goethe, quien transmitió su admiración por el Pueblo Vasco a Víctor Hugo, quien a su vez la trasladó al fundador de la Universidad de Berlín, William barón de Humboldt: “No basta con saber, hay que aplicar el Saber; no basta con Amar, hay que Obrar”

Como antropólogo debo advertir al lector que se considere Vasco; si estos ejemplos tan antiguos como notables no conmueven ni nutren tu conciencia, temo que te has apartado del Gizabidea. “Bakoitza berea”, cada quién lo suyo es una de las máximas humanistas del Gizabidea y me disculpo por recordarte, apreciado lector, que, si el obispo Bizarrón de Elizakoetxea dio 6.000 pesos, una monja donó un real y medio.

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