La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas

Algunos hechos previos a la fundación de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas

Hacer una síntesis de un periodo tan largo como activo es un verdadero reto que vamos a enfrentar con el objetivo de mostrar el ambiente cultural de Gipuzkoa y Venezuela que precedió a la fundación de la Real Compañía Guipuzcoana, con énfasis en lo humanístico.

Por Odón Ulibarrena

A finales del siglo XVII la economía de la Provincia de Guipúzcoa era pujante pero el abandono del Gizabidea comenzó a ser preocupante. Generosa era la riqueza cimentada en la caza de ballenas para la extracción del saín, el más apreciado aceite para alumbrado por no desprender humo ni olor. En segundo término estaba la extracción de hierro y su transformación en lingotes, chapas y un sin fin de productos manufacturados, entre los que destacaban las armas, incluyendo las de fuego. La construcción de navíos de guerra y mercantes, el comercio y transporte marítimo, así como sus actividades conexas eran florecientes; sin embargo, es imprescindible valorar los beneficios económicos derivados de la “servidumbre” a la monarquía y el nivel alcanzado por el Corso.

Piratas y corsos

Los piratas eran denominados “espumadores del mar” y es una matriz de opinión sustentada en hechos documentados que los Corsarios eran piratas con licencia legal, poco más o menos. Hubo personajes destacados como Antón de Garay, Pedro de Larraondo, Martín de Cardel, Domingo de Albiztur, Pablo de Aránburu, Domingo de Iturain, Pedro de Agirre “Campanario”;Martín de Irizar, Agustín de Arizabalo, Juana Larrondo, Pedro de Ezábal, J B Lizardi, Agustín y Pedro de Diustegi,  Fco de Eskorza, Cristian Etxebarría; Fco de Zárraga y Beográn; etc, etc etc… Realmente un muy largo etc.

Entre 1622 y 1697, están documentados 141 armadores y 271 corsarios en Donostía-San Sebastián; siendo considerado el segundo puerto corsario europeo, solo precedido por Dunquerque. Fuenterrabía era el segundo en importancia de la península ibérica. El éxito económico de la Escuadra del Norte, creada por Alonso de Idiákez en 1633, permaneció muchos lustros en la memoria de los marinos de guerra guipuzcoanos.

“A los armadores no les mueve el servicio del Rey sino las utilidades que logran”

Algunos de los armadores más destacados fueron  Beroiz, Zuzuarregi,  Arsu, Jústiz, Beográn, Zuaznabar, López de Reyzu,  Zapiain, Bidasoeta, etc. Para conocer sus motivaciones nos conviene tener en cuenta la opinión de uno de ellos, Johan Inaxio de Otaegi: “En fin, a los armadores, en mi sentir, no les mueve el servicio del Rey, la gloria de la nación, ni el mal que hacen a los enemigos, sino las utilidades que logran; si éstas se les cortan, como faltó el móvil de sus operaciones, de sus riesgos y trabajos, faltó el corso”.

En el archivo del Consulado de San Sebastián, correspondiente al año 1656, consta: “…en 1656, había en los puertos de esta ciudad de naturales de ella y de la provincia, cincuenta y seis navíos, con que hacían hostilidades a los enemigos de la Corona, siendo constante que el grave daño que de éstos había recibido la navegación y el comercio de Inglaterra, había obligado a aquel reino, a hacer las paces». El vertiginoso auge corsario de Laburdi en el siglo XVIII superó en el Atlántico al de Guipúzcoa, probablemente, gracias al éxito logrado en el Mar Caribe por los corsarios adscritos a la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas.

Conviene recordar que para la Guerra de Sucesión (1701-1714)  se armaron 28 navíos en San Sebastián y 17 en Fuenterrabía. Más aún; durante la Guerra de la Oreja de Jenkins o Asiento de Negros (1739-1748), San Sebastián armó 63 barcos, Pasajes 7, Fuenterrabía 2 y Orio 1. Plencia de Vizcaya 2, Bilbao 35 y otros 3 de puerto desconocido.

Ser corsario era legal pero completamente inmoral; lo mismo que la marinería de guerra: ¿nos conviene pasarlo por alto? Tengamos presente el refrán, “lo que mal empieza, mal acaba”.

El siglo XVIII comenzó en la misma senda económica pero como los reyes, impulsados por sus funcionarios, resolvían sus diferencias constantemente en el máximo Tribunal Civilizado, el de las Armas, un veredicto contrario podía causar graves quebrantos, incluso a los vascos que permanecían fieles al Gizabidea. Un motivo tan banal como la infertilidad de un rey de Castilla, Carlos II de Austria El Hechizado, desató una guerra entre los civilizados que duró 12 años y concluyó mediante un armisticio denominado Tratado de Utrech (1713).

¿Pagar justos por pecadores?

Estuvo muy bien redactado el artículo XV del convenio pero fue poco más que papel mojado: “Y porque por parte de España se insta sobre que á los vizcaínos y otros súbditos de su Majestad católica les pertenece cierto derecho de pescar en la isla de Terranova, consiente y conviene su Majestad británica que á los vizcaínos y otros pueblos de España se les conserven ilesos todos los privilegios que puedan con derecho reclamar”. ¡Del dicho al hecho va un trecho!

Los “éxitos diplomáticos” consiguieron órdenes del rey inglés “… para que los gobernadores de la isla de Terranova y puertos y costas adyacentes, permitan y no pongan embarazo alguno a los navegantes vizcaínos que fuesen a la pesquería, trinchería y sequería del bacalao, de que han estado en posesión inmemorial” pero a la hora de la verdad, la determinación del Primer Ministro inglés,  Lord Chathan, evidenciaba la verdadera postura de Inglaterrra: «Antes cederé la Torre de Londres que la pesca de Terranova… Si no quieren reconocer las leyes del Almirantazgo inglés, se encargarán de imponérselas los cañones de nuestras escuadras».

A pesar de la determinación del lord inglés y de los cañones de sus escuadras, la caza de ballenas y la pesca del bakallu (bacalao) persistió algunos años. Indalecio Andoni de Llarena, síndico de Las Encartaciones de Bizkaia, recibió en 1726 una carta de Juan José Goitia explicándole que no podía encontrar hombres para la marina de guerra “…por estar toda la gente a la pesca de Terranova y las ballenas…”.

Juana de San Martín, armadora de Donibane Loitzune, tuvo que venir hasta Zarauz para contratar carpinteros en 1728. Famosos eran los “susedidos” que contaban el capitán del navío San Joseph, Gabriel de Urrutia, su contramaestre Andrés de Larraín, el piloto Joanes de Iparagirre y el carpintero Mattin Sanz d’Etxerri, respecto a la caza de ballenas en  el Estrecho de Davis que conduce a la Bahía Baffin. Sin embargo, la suerte de los gipuzkoanos en Ternua-Terranova estaba echada.

Desde el punto vista del Gizabidea debemos valorar el apoyo vasco a un personaje tan… no sé cómo denominarlo… como Felipe V de Borbón. Instalado en el trono por la fuerza de las armas, mediante los Decretos de Nueva Planta suprimió las leyes e instituciones propias de los Reinos de Valencia y Aragón el 29 de junio de 1707, del Reino de Mallorca el 28 de noviembre de 1715 y del Principado de Cataluña el 16 de enero de 1716  resultando también afectadas la organización jurídica y administrativa de la Corona de Castilla.

Quién valía más

Por ver “quién valía más”, los Ezpat’andikis de antaño habían cometido mil y una barbaridades; los Diru’andikis por ver quién tenía más, no se quedaron a la zaga y de hecho se convirtieron en los nuevos Parientes Mayores. No necesitaban dar sablazos a caballo ni diezmar poblaciones mediante las recaudaciones eclesiásticas porque desde las poltronas de sus despachos en la corte castellana, resolvían todo de un plumazo. Es lo que podemos comprobar mediante la documentación vinculada a familias como Borda-Bergara-Oarritxena; Salcedo-Agirre-Álaba-Arbizu-Agurto; Medrano-Fuenmayor; Idiákez-Egía-Irarraga-Corral-Góngora-Areizaga; Nekolalde-Areizaga-Zandategi-Alduzín; Aperregi-Asiain-Tornamira-Villamayor; Sierralta-Rada-Salzedo; Andikano-Aranguren-Loyola-Oyanguren-Santelizes; Pérez de Araziel-Angulo-Rada-Elío-Ipeñarrieta-Galdós; Camargo-Angulo-Ezpeleta-Rada-Salcedo-Castejón, entre otras que hacían vida en los despachos de la corte y puestos de mando; además de su círculo más frecuentado: Villarreal de Bérriz, Andikano, Ibáñez de Zabala, Bengolea, Munibe, Ubilla, Idiákez, Andonaegi, Olazábal, Basterretxea, Ibáñez de la Rentería  y el poderoso baztanés Goyenetxe. En un par de generaciones se convirtieron en “las amas de llaves” de los reyes Borbones y esto a “la no tan laaaarga”… ¡Malo, muy malo, para los Eskualdunak!

Ganar dinero e imponer su voluntad

Para ganar dinero a borbotones e imponer su voluntad en el País de los Vascos, estos Diru’andikis usaron su influencia en la corte de Madrid y abusaron de caminos tan tortuosos como el acaparamiento de alimentos y la sustitución de la Lagi Zarra (Ley Antigua) por nuevas Ordenanzas que llegaron a poner en peligro la Auzokrazia.

El cambio de aduanas del interior a los puertos de mar, generó el punto de quiebre hasta el punto de que el 4 de agosto de 1718 los auzókratas bizkainos, reunidos en Junta de Merindades en la sacristía de la iglesia de Begoña, tal y  como acostumbraban, y dado que las Juntas andikiles de Gernika se lo pasaban enviando misivas y portavoces a Madrid, reflexionaron a fondo la situación “… asta las doce y media de medio dia, quando bajaron a Bilbao asta 120 hombres poco más o menos, todos de aquella republica con su Fiel (secretario) delante. De casa del Corregidor (equivalente al delegado del gobierno actual) pasaron a la del Diputado General (autoridad máxima de las Juntas de Gernika) y en casa de Don Enrique de Arana, haciéndose dueños de ella, echaron quanto tenia de ajuar, de alhajas sin reservar plata, ni joias. Asta las ventanas rompieron para arrojarlas. Después haciéndose montones de todo dieron fuego, sin permitir los que goardaban abajo que tocase nadie valor de un cuarto estando presentes asta que no quedasen más que las cenizas…”. Así lo relató un testigo que sufrió las consecuencias, Allende Salazar.

La Hermandad Auzokrátika se expandió hacia el oeste (Portugalete, Mundaka, Somorrostro y Bermeo) tanto como hacia el este (Bergara, Arrasate, Motriku, Deba, Elgoibar, Plazentzia, Elgeta, Eibar, Aretxabaleta, Eskoriatza, Oñati y Salinas de Léniz). Siguiendo el mismo procedimiento empleado en Bilbo, deshicieron las casas fuertes de Legizamón, de Gondra y Alzaga, del marqués de Vargas, de Nicolás de Etxabarria, de Allende Salazar (el Diru’andiki del relato), de Eskoikiz (alcalde de Bilbao) y otras de Abando, así como el Convento de la Encarnación.

En Bergara las de Unzeta, Rekalde y Urdangarín. En Arrasate las de Urkizu y Zénika. Resultaron muertos, entre otros, Fco de Zuazola, el alcalde de Motriku; J. A. de Jauregi Beitia, J. A. de Rekalde y el marqués de Rocaverde.

El Diru’andikismo se paró en seco a pesar de que el mariscal Blas de Loyá y sus soldados deambulasen por el Señorío de Vizcaya llegando a “restablecer” las aduanas en la costa mediante un bando, que fue confirmado “por” Felipe V el 16 de diciembre de 1722.

Se redactaron sentencias, procesos, multas y confiscaciones; un total de 31 bizkaínos y un gipuzkoano fueron condenados a muerte, pero al final, el 22 de diciembre de 1726, Felipe V de Borbón indultó a todos los perseguidos y las aduanas permanecieron en sus lugares centenarios.

Bueno es tener en cuenta que los sucesos descritos ocurrieron 81 años antes de la “revolución” francesa. ¡¡¡ “…sin permitir los que goardaban abajo que tocase nadie valor de un cuarto…”!!! ¿Qué cosas, no? Vaya diferencia con la Francesada. ¡Hay que tener “valor” para seguir denominando Revolución a los acontecimientos desarrollados en Francia desde 1789! ¿Por haber redactado los Derechos de la Mujer no guillotinaron en 1793 a Olimpia de Gouges? ¿Al cabo de tan solo 10 años no instauraron a un corso como Dictador? Un Dictador que llegó a ser Emperador de los franceses en 1804 y rey de Italia en 1805.

El otro suceso que no puede ser relegado para comprender los factores sociales involucrados en la creación de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, es la invasión del duque de Berwick, acontecida en 1719. ¿Porqué un tipo al que Felipe V de Borbón le debía la corona, en buena parte, arremetió contra los auzókratas gipuzkoanos? ¿Por qué los 15.000 soldados del rey Borbón, acuartelados en Lesaka, se retiraron a Pamplona tras la caída de los fuertes de Behobia e Irún, abandonando a su suerte a los auzókratas? Esta es una verdad documental: más aún, el Capitán General de la Provincia de Guipúzcoa junto a los generales, Rivadeo y Loyá, permanecieron inactivos en Hernani.

 ¿Los 16.000 soldados franceses de Berwick eran realmente imbatibles?

Sin embargo, lo realmente inaudito es la indolencia de las Juntas Generales de la Provincia de Guipúzcoa pues habiendo entrado ejército enemigo en suelo patrio, debían haber decretado el Apellido General por el cual debían tomar las armas todos los varones entre 16 y 60 años. Leyendo el diario del alcalde auzokrátiko de Hondarrabi, Felipe de Alkaiaga, que abarca desde el 5 de febrero hasta el 27 de junio, me resulta imposible de comprender a las autoridades junteras de Guipúzcoa.

En la revisión del sábado 22 de abril, contó nuestro alcalde, “…860 hombres con todo y no más. Y de los vecinos habrá poco más ó menos 300 hombres…”. Leemos el jueves 15 de junio:  En este dia hacen fuego, y de noche nos echan 412 bombas…  y nos han muerto mucha gente de soldados y heridos con el fuego grande que se hizo de ambas partes,…y tuvimos noticia que nos querian llevar por asalto dicha noche con escalas que tenían prevenidas y no se atrevieron, ya llegaron al foso al principio de la brecha, y fueron rechazados á cosa de la una de la noche, y de los vecinos hubo algunos muertos y heridos y esta noche estuvo toda la gente de los vecinos en sus puestos señalados en la bateria de la estacada, y yo comandé esta noche… Leemos el viernes, 17 de junio: “…y este dia echaron 370 bombas y tiraron mas de veintium mil cañonazos y 5.352 bombas en el curso de este sitio poco mas ó menos.

 Analicemos con gran atención la misiva enviada por el auzokrátiko alcalde de Hondarrabi al jefe de los comisionados de las Juntas Generales: “Don Felipe de Aguirre. Anoche nos entregaron un Decreto al pie de nuestras proposiciones, confirmando todos nuestros fueros y los de las ciudades, villas y lugares, vecinos y moradores, con todos arbitrios, facultades que han sido concedidas y confirmadas por los Reyes de Castilla y últimamente por el Señor Don Felipe V sin que se pueda innobar, y ofreciendo Decreto del cristianisimo, aprobando y confirmando todo, además nos ofrece de parte del Rey sus oficios con Inglaterra para la pesqueria de bacallao, … Y en fin se explican en los términos de no querer innovar nada.—Agosto 8 de 1719 años.

Don Felipe de Agirre fue uno de los promotores de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas.

Hondarrabi-Fuenterrabía

Los auzókratas armados defendieron su modo de entender la sociedad en Hondarrabi al igual que lo defenderán en Donostia. Consiguieron víveres y bastimentos en Lekeitio y otras villas bizkaínas así como el refuerzo de las milicias de Azkoitia, Azpeitia, Lazkano, Legazpia, Urretxu y Zestona, bajo el mando del azpeitiarra, Francisco Ignacio de Alzíbar y Jauregi.

Insisto: ¿por qué no decretaron el Apellido General?

El ayuntamiento de Donostia dispuso 12 compañías de 100 vecinos bajo el mando del alcalde Andoni de Amite-Sarobe, Agustín de Arribillaga, Pablo A. de Agirre y Mattin de Láriz. Se pusieron a salvo las mujeres, niños y archivos (el municipal al convento de Aránzazu y los eclesiásticos al “suntuario” de Loyola). Los puentes sobre el Urumea en Loyola y Santa Catalina fueron demolidos al igual que el hospital de San Antonio Abad e iglesia colindante. Como hospitales de campaña se habilitaron el colegio de los Jesuitas y los conventos de San Telmo y de Santa Teresa. ¿Qué razones impulsaban a los guipuzcoanos para enfrentar al ejército francés? ¡Su forma de entender la Vida: cuando toca, toca!

El 24 de junio llegaron los franceses y el 3 de julio completaron el sitio a la ciudad; instalándose Berwick en Ayete. Para evitar el ataque y desembarco por mar, Alzíbar y sus azpeitiarras se habían instalado en la isla de Santa Clara, siendo atacados el 4 de julio por 9 compañías de granaderos franceses, bajo la cobertura de más de 150 cañones de la flota inglesa, compuesta por 11 pinazas y 4 fragatas. Pese a disponer tan solo de 2 pequeñas piezas de artillería, los auzókratas evitaron que la isla fuese tomada, imposibilitando el desembarco aliado. Pregunto: ¿dónde anclaban los aguerridos corsarios de San Sebastián y Fuenterrabía?

Del amanecer del 25 al anochecer del 30, la muralla de la Zurriola junto a las casas de Amézketa, fue cañoneada sin pausa hasta conseguir abrir una brecha. El primer y único asalto fue repelido mediante granadas de mano. Como sería de alta la mortandad francesa que suspendieron el ataque para poder retirar sus muertos y heridos. Pese a estar abierta la brecha de la muralla junto a Santa Catalina, los franceses no volvieron a intentar el asalto; se limitaron a cañonear la ciudad hasta que Berwick aceptó la propuesta que le llevó una comisión delegada del ayuntamiento, formada por el alcalde, Amitesarobe y los vecinos, Pablo Joaquín de Agirre y Mattin de Olozaga.

Propuesta

1.ª Que sea mantenida en su libertad, en sus Privilegios y en su modo de Gobierno, sin alteración alguna en sus propios, y rentas, para atender á sus empeños y conservación, y que lo mismo se entienda en lo que pueda tocar á su Cabildo eclesiástico y á sus comunidades y religiones.

2ª Cuando hubiere de entrar la nueva guarnición, se pongan en todas las iglesias y conventos, salvaguardias tan a tiempo que no puedan los soldados sacar del sagrado nada de lo que han puesto en él los vecinos, y que estos puedan volver á sus casas con todo ello, y lo mismo los eclesiásticos todo lo que fuese suyo.

3ª Que se pongan también en todas las calles centinelas bastantes á evitar que los soldados entren á robar, ni á otro ningún desorden, en las casas de dentro de los muros, y que si algunos vecinos quisieren para las suyas, se den á tiempo.

4ª Que desde el día que se firmaren las capitulaciones hasta cumplir el año, los vecinos que están dentro, y fuera de la Ciudad, y sus moradores, y en su jurisdicción  tuvieren intereses ó haciendas puedan disponer de todo ello como mejor les estuviere y aun á salir á vivir á donde quisieren, entendiendose este término por tiempo se entienda de dos años, para los vecinos ó interesados que estuvieren en el rezinto de estos Reinos y se hallaren en cualquiera parte de las Indias. Todo se ha concedido á esta Ciudad de San Sebastian hoy dia 1º de Agosto de 1719. A las cinco y media de la tarde. Duque de Berwik.

¿Nos conviene olvidar que bajo estas condiciones entraron los franceses en Donostía?

Pero esto no fue todo; el 5 de agosto de 1719 se firmó en San Sebastián una convención por la que se ponía La Provincia bajo el amparo de Francia, respetando sus Fueros; además, no sería vulnerado el artículo XV del Tratado de Utrech. Incluso en el Tratado de Viena del 1 de mayo de 1725 se copió la frase del de Utrech, referente a los puertos de Bizkaia y Gipuzkoa «que no están sujetos a las leyes de Castilla”.

Donostía-San Sebastián

En 3.185.879 reales de plata se tasaron los daños de casas y edificios, sin contar los 134.203 que costó la demolición del hospital de San Antonio por exigencias defensivas. Maldecidos cien mil veces deberían haber sido los 22.000 reales de plata que gastó la ciudad en 1701, arreglando los caminos para que Felipe V y su comitiva (3.000 jinetes, 180 coches y numerosos carruajes) no se manchasen los botines ni llenasen sus pelucas de polvo. Y un millón de veces deberían maldecirse los otros 44.000 que costó engalanar la ciudad y pagar a los 1.500 milicianos movilizados para recibir al Borbón, el 26 de enero de 1701.

¿Y colorín colorado, todo el mundo lo ha olvidado?

Repasando las lecciones que la Etnología histórica nos relata respecto a las relaciones de los Vascos con los monarcas franceses de Champagne, corona de Francia, Evreux, Foix, Albret y Borbones, hasta el sol de hoy, parece mentira que hayamos aprendido tan poco.

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